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Protagonistas

Brandon Kaufman, un ingeniero civil cada vez más civil

julio 10, 2024

Lejos de renegar de su título universitario, Brandon Kaufman se considera más empresario que ingeniero. Después de comandar Teyma durante tres décadas y vivir cinco años en España, volvió a empezar como presidente del holding Ciemsa-CSI. Exigente y disciplinado, despliega su showman interior al tocar la guitarra eléctrica en la banda de música de la compañía.

Por Carla Rizzotto

Último año de la carrera. Primera clase de la asignatura Estructuras con el ingeniero Pedro Hetzel. La estampa del profesor de origen húngaro le recordaba a su abuelo materno, un polaco prolijo y elegante que importaba a Uruguay juegos de té, relojes y marfiles para vender. “La próxima semana traigan 300 hojas cuadriculadas, una regla y un drypen de punta fina verde”, pidió el docente, quien no dejaba entrar estudiantes despeinados o mal afeitados al aula.

“Agarren las hojas y háganles un margen vertical. Cuando terminen, a la mitad de esas hojas divídanlas en tres partes iguales (con líneas horizontales)”, solicitó iniciada la segunda clase. “Esto es así: cuando tengan que calcular vigas agarren las hojas con tres reparticiones y cuando tengan que hacer otro cálculo, usen las que tienen solo el margen. ¿Para qué? Las divisiones son para que los cálculos queden ordenados, y el margen es para poder agujerear las hojas y colocarlas en un bibliorato sin que queden los números escondidos en el margen”, explicó.

Sorprendido, el alumno Kaufman pensó: “Nos falta un año para recibirnos de ingenieros y este hombre nos hace marcar márgenes a las hojas”. Pero con el tiempo descubrió el valor de esa tarea. “Le agradezco a Pedro porque me enseñó que debía afeitarme todos los días y que tenía que hacerle el margen a las hojas, que es una manera de decir ‘si vas a hacer algo, ordenate y preparate antes’”, reconoce.

Por descarte eligió ingeniería. Un test vocacional que hizo en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) confirmó su simpatía por las matemáticas y su poco cariño por el dibujo y la lectura. “Tengo una dificultad de concentración para leer. No me cuesta concentrar me en problemas puntuales; pero sin un propósito, quedo divagando”, admite quien alternaba sus días de semana de estudio con noches de viernes y sábado en la orquesta donde tocaba la guitarra eléctrica.

En el árbol genealógico de la familia Kaufman-Zalkind no figuraba hasta entonces ningún ingeniero. Su papá era bancario y su mamá, agente inmobiliaria, mientras que la generación anterior se dedicó al comercio. De hecho, la mercería de sus abuelos paternos funcionaba debajo de su edificio, en Pablo de María y Ana Monterroso de Lavalleja. “Se vendía ropa interior femenina mayormente; cuando tenía un rato libre, bajaba y vendía alguna bombacha o un sutién cada tanto”, recuerda con una sonrisa.

33 AÑOS

“Cuando llegues a cualquier pueblo a ejecutar una obra, lo primero que tenés que hacer es hablar con el dueño de la estación de servicio. Ese hombre te va a decir todo lo que necesitás para instalarte allí”, le aconsejó el profesor Conrado Rossi en una clase de Procedimientos, y se convirtió en el otro gran aprendizaje de su carrera, dice un poco en broma y un poco en serio. Justamente fue lo que aplicó al arribar a Tomás Gomensoro (Artigas), en mayo del 83, cuando lo designaron responsable de su primer proyecto.

Con 27 años, estaba estrenando el título universitario para la empresa Teyma. Había superado dos pruebas de fuego para entrar a la filial de la española Abengoa en Uruguay: una entrevista laboral a la que debió asistir el viernes 1 de abril de 1983, feriado por Semana de Turismo, y un primer día de trabajo el mismísimo 1 de mayo de ese año. “Si arranca así, seguro va a trabajar, deben haber pensado en la empresa”, se ríe Kaufman.

En Artigas tenía que construir líneas de alta tensión entre varias localidades. “Me pusieron un capataz mucho más grande que yo, que ganaba más, y me empezó a explicar cómo se hacían las cosas, porque cuando uno sale de la universidad tiene un título, pero no sabe nada”, suelta quien en ese momento pasó tres años fuera de Montevideo ejecutando tres obras en el interior.

Luego su rol se volvió menos técnico y se perfiló hacia lo gerencial. No por casualidad hoy se considera “muchísimo más” empresario que ingeniero; y bromea con que es “un ingeniero civil, cada vez más civil”. En 33 años de trabajo en Teyma, ejecutó más de quinientos proyectos en Uruguay y el exterior, entre ellos la restauración y reestructuración del Teatro Solís, reinaugurado en 2004. Los últimos seis años comandó Abeinsa EPC, una división de Abengoa encargada de llevar adelante un plan de energía solar en España, que incluyó la construcción de 14 plantas en ese país. Además, en 2010 comenzó la construcción de la planta de energía solar más grande del mundo (en ese momento) en Estados Unidos con una inversión de 2000 millones de dólares.

Para ese entonces ya radicaba en Sevilla, aunque la mitad del tiempo estaba viajando. “Salía un domingo para México, después tomaba un vuelo privado a Esta dos Unidos, luego otro de línea a Sudáfrica. Era una vida de mentira, tomaba aviones como la gente toma el 188. Cuando me preguntaban dónde vivía, respondía ‘en el asiento 1D de Iberia’”, cuenta.

EN BUENA COMPAÑÍA

Comprar una participación en el holding Ciemsa-CSI Ingenieros fue como empezar de nuevo. Tanto es así que en su presentación como presidente del grupo sonó el tema Volver a empezar, del músico argentino Alejandro Lerner. “Entré con miedo al fracaso porque toda mi carrera en Teyma fue fantástica, independientemente del problema financiero que tuvo Abengoa y por el cual la empresa nos dio un plan de retiro a toda la plana superior”, admite quien igualmente no demoró ni 24 horas en aceptar la propuesta del flamante desafío.

Kaufman ahora preside el directorio de dos compañías hermanas que desarrollan diferentes tareas: CSI diseña, proyecta y gerencia obras de ingeniería, mientras que Ciemsa construye, opera y monta proyectos de infraestructura. Las tres plantas de celulosa en Uruguay, una planta de arroz en China, las viviendas para el realojo del barrio Kennedy en Maldonado y el parque eólico Talas del Maciel en Flores forman parte del catálogo de proyectos donde han participado, al que se sumarán el renovado paso de frontera Fray Bentos – Gualeguaychú y el proyecto hídrico Arazatí. Ambas firmas obtuvieron el Premio Nacional de Calidad el año pasado y pasaron de facturar 60 millones de dólares en 2018 a 200 millones en 2023.

Dice que tiene suerte por estar en buena compañía; y para él la suerte es cosa seria. “Es lo primero que hay que tener para alcanzar el éxito en una empresa: suerte para estar parado en el momento que pasa el ómnibus. Después, sí hay que tratar de que vaya rápido, de que no te caigas durante el trayecto y de que cuando pegue las curvas estés agarrado. No tengo un equipo que me acompaña sino gente mucho mejor que yo que está conmigo”, asegura quien también encontró en Ciemsa-CSI una nueva banda que musicaliza las fiestas de fin de año.

Modestia aparte, fue jefe de los gerentes de hoy. “Quienes se desarrollaron en Teyma en los últimos 35 años ocupan hoy posiciones gerenciales en distintas empresas”, asegura con orgullo. Aunque reconoce que con algunos ha sido demasiado exigente: “Quizás aquellos con quienes fui más duro son los que hoy me agradecen; porque uno es así con los que tienen mayor potencial o más aprecia”, reflexiona.

–¿Con sus hijos Sharon, Jessica y Brian fue igual?

–Fui durísimo y lo sigo siendo, aunque actualmente mucho menos. Pero no me arrepiento, los padres tenemos la misión de mostrarles a nuestros hijos por dónde nos parece que va la vida; después ellos deciden lo que quieren.

–¿Qué aporte cree que le ha hecho a la industria?

–Tomar personas jóvenes y disciplinarlas. Enseñarles que las cosas se hacen sistemáticamente, por eso lo de las hojas cuadricula das no es menor. Cuando hay que ejecutar una obra, cualquiera sea, tienen que conocer todas las especificaciones técnicas, pero además deben saber que las medidas de una obra al final son pesos. Pesos que entran y pesos que salen. Si los que salen son más que los que entran, la empresa se funde.

Antes de terminar la charla para este artículo, Brandon Kaufman quiere asegurarse de que su compañera de vida, Ana Laura Soca, tenga su párrafo aparte. No solo por los 19 años que llevan compartidos sino por ser su sostén incondicional durante el tratamiento médico al que debió someterse hace cinco años.

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