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Protagonistas

Víctor Rossi en el despacho ministerial del MTOP. (Fotografía: Pablo La Rosa)

Víctor Rossi: cinco años marcando un rumbo

septiembre 14, 2020

Por Tania de Tomas

Antes de tomar una decisión aprendió que es mejor contar hasta diez, para encontrar la respuesta justa. Amante de Don Quijote y de los tangos de Julio Sosa, Víctor Rossi hace un balance de estos años frente al Ministerio de Transporte y Obras Públicas y asegura que piensa volver en 2025.

Poco a poco se apaga el día, y los colores del atardecer comienzan a esparcirse por el cielo de la plaza Matriz y enaltecen el edificio del Ministerio de Transporte. Atravieso la plaza y entro por la puerta que da a la calle Rincón. Víctor Rossi está sentado en el fondo de la habitación, en un escritorio en el que se posan pilas de papeles. Para llegar hasta él hay que atravesar dos puertas y una larga mesa de madera lustrada. Nos extiende la mano (al fotógrafo y a mí) y definimos en pocos minutos cuál será el mejor lugar para hacer la entrevista. En el ambiente hay un halo de solemnidad.

A Rossi le quedan apenas unos días de su segundo mandato al frente del Ministerio de Transporte y Obras Públicas. “¿Viste la montaña [de papeles] que tengo todavía?”, dice mientras se acomoda en la silla y veo cómo los rayos de luz amarillos, potentes, que entran por las rendijas de la ventana que da al puerto, juguetean con su pelo blanco.

“Ahora que me estoy yendo siguen surgiendo ideas e iniciativas como si fuera a volver dentro de cinco años. Ideas, maneras de ver el desarrollo del país; del puerto, de las carreteras; determinados aspectos que hacen a la realización de infraestructura. Por suerte en estas gestiones me he podido sacar algún gusto. Hoy por ejemplo estuvimos de recorrida en el puerto desde las 9 de la mañana; hay mucha obra en marcha y vi que los equipos están con ganas, comprenden los proyectos con buen ánimo”.

“Nunca hay un 100%, siempre algún tropezón tenemos, y siempre hay cosas que se consiguen y otras que no, pero fueron cinco años llenos de trabajo”

Víctor se levanta a las 6 de la mañana. “La primera hora es mía. Me preparo el café con leche, si tengo alguna actividad planificada repaso algunos apuntes. Hay noches que llego muy cansado y dejo cosas para hacer por la mañana, que tengo más fuerzas”, dice el hombre que tuvo hace poco un quebranto de salud (un ACV leve) que le hizo parar las rotativas. El ACV fue “un susto. La verdad es que soy un poco inconsciente, pero fue una señal de fatiga, tal vez veníamos exigiendo mucho el cuerpo y me desbordó”, reconoce. “¿Ahora se viene cuidando un poco más?”, pregunto. “Bueno”, dice con picardía, “me quedan tan pocos días… Después del 29 de febrero voy a tener una vida un poquito más ordenada para poder llegar con fuerzas al 2025”. ¿Volvería al ministerio? “Sí, ¿por qué no?”.

CUANDO VÍCTOR CONOCIÓ A ALBA

Rossi nació el 10 de abril de 1943 en La Paz. “Mi mamá trabajó en Manos del Uruguay como tejedora, nació y murió en La Paz, cosa que le envidio”, dice y señala un cuadro de ella en la pared. Al lado hay otro en el que está el rostro de su padre. “Fui a la escuela 107 en La Paz, que queda a una cuadra de la plaza. Tengo tres hermanos. Fui al liceo de Colón y después a preparatorio porque en mi época no estaba el segundo ciclo de secundaria así que fui a Canelones, al Tomás Berreta”, reseña, con cierta velocidad, sus primeros años.

Víctor tiene un tono pausado para hablar, mueve las manos, explica con detalle y mira a los ojos. Algunas veces antes de hablar duda, pero sus respuestas parecen certeras, allí hay convicción.

Con su esposa Alba se conocieron en el liceo de Colón. No dice que fue amor a primera vista, pero cuando se lo pregunto se ríe, no lo niega. “Tenemos 52 años de casados”, aclara y me cuenta que tiene tres hijos y cinco nietos. Hablamos de las prácticas de fútbol de sus nietos y de los eventos familiares que le ocupan parte del fin de semana.

Después volvemos a su vida de adolescente, a sus estudios de Arquitectura y a una oportunidad laboral que no pudo rechazar. “Me ofrecieron un puesto en el Banco del Trabajo Ítalo Americano. En esa época los empleados bancarios tenían una remuneración importante: entré como cadete y mi primer sueldo era mayor al de mi padre. Creo que eso, sumado a que yo era demasiado ansioso e indisciplinado, no ayudó a seguir estudiando”.

Desarrolló actividades sindicales y su militancia se evidenció en 1970, cuando ocupó el cargo de secretario departamental del Plenario Sindical de Canelones. Trabajó como periodista y después “vino la época más dura, la dictadura. Estuve seis años y pico preso. Cuando salí tenía otra edad, había cumplido 40 años”.

Víctor Rossi dejó el cargo de Ministro de Transportes el 1 de marzo de 2020. (Fotografía: Pablo La Rosa)

“Miren lo que hay ahí”, dice interrumpiendo la próxima pregunta. “Hay tantas cosas, a ver si no se escapan los detalles”. Víctor señala al fotógrafo uno de los rincones de su oficina. “Fíjese ese… Yo fui un trabajador del transporte, fui guarda y chofer. Fui dirigente de la federación del transporte”, dice con orgullo y sin moverse de su asiento señala la distinción que le hicieron los empleados del rubro. Entre 1982 y 1990, Rossi fue chofer de ómnibus y dirigente sindical de la Unión Nacional de Obreros y Trabajadores del Transporte (Unott).

En 1990, el entonces intendente electo Tabaré Vázquez le ofreció el cargo de Director de Tránsito y Transporte de la Intendencia de Montevideo. Durante su gestión se suprimió la red de trolebuses de la capital, se renovó la flota de ómnibus y se estableció un sistema de subsidios que abarató el boleto del transporte urbano. “Los últimos ómnibus que Amdet [Administración Municipal de Transporte] había comprado estaban impagos, se le debían al BROU. Hicimos las negociaciones para poder asumir la deuda y se promovió a través de una iniciativa que empujamos hasta que el gobierno nacional de [Luis Alberto] Lacalle terminó entendiendo que podía ponerse en marcha un plan de renovación de flota. Fue un buen ejemplo de cómo un gobierno nacional y uno departa – mental de otro signo activaron un proceso que fue muy bueno para Montevideo y todo el país”.

TIEMPO DE BALANCE

“Nunca hay un 100%, siempre algún tropezón tenemos, y hay cosas que se consiguen y otras que no, pero fueron cinco años llenos de trabajo. Hubo logros y me voy sintiendo que estuvimos a la altura del desafío, del compromiso que teníamos con el país. Para mí es un privilegio tener esta posición y trato de honrarla y no defraudar”. Le pregunto por el mayor logro, y vuelve al puerto. “Se están haciendo una serie de obras que son muy importantes para el futuro del Uruguay. El puerto no es suficientemente valorado, para muchos uruguayos es un lugar donde se cumplen determinadas actividades que a veces generan problemas a la ciudad, pero resulta que es un gran motor del país. Haber creado en el puerto una infraestructura suficiente ha sido una carrera de más de cien años”. Asegura que cuando llegó al ministerio, en 2005 “sabía a qué venía”. “Conocía el ministerio, venía de hacer informes con la Federación Obrera del Transporte. Esa primera gestión tuvo puntos débiles, pero tuvo puntos muy altos como fue la terminación de la Ruta 1, la Perimetral o el puente de Santa Lucía”.

Rossi reconoce que, luego del impasse entre 2010 y 2015, este segundo mandato fue distinto. “Algunos asuntos puntuales salvaron el primer período. Estos últimos años teníamos un enorme desafío que era elevar el estándar del conjunto de las rutas del país. Y además no estaba muy claro cómo íbamos a lograr el financia – miento. Hay muchas obras que, aunque no se terminen, están marcando un rumbo. Estuvimos en el puerto Capurro; estamos en la obra del viaducto, también en las obras de UPM”.

“La primera gestión en el ministerio tuvo puntos débiles, pero tuvo puntos muy altos como fue la terminación de la Ruta 1, la Perimetral o el puente de Santa Lucía”

Dentro de los “debes” está la terminal de pasajeros de ferry fuera del puerto. “Es algo que me hubiese gustado poder terminar, es una necesidad porque no es que la terminal sea mala, es que se genera un desgaste entre el crecimiento del transporte de carga y esa actividad de pasaje – ros. Les gustará la cara de López Mena o no les gustará, pero el Uruguay necesita que se le facilite la entrada a nuestro país a todo lo que quiera desplazarse desde Argentina”, sintetiza.

“Para mí es un privilegio ocupar el puesto de ministro, porque este lugar me permite incidir en la construcción del país”, dice y agrega: “El partido, los ministros, los gobiernos pasan y, además de alguna anécdota, lo que queda de ellos son sus obras”.

ES CIRCULAR

La primera vez que dio un discurso fue en la plaza de La Paz, al pie del monumento de César Mayo Gutiérrez. Corría el año 1961 y estaba haciendo campaña por la Lista 99 de Zelmar Michelini y Renán Rodríguez. “Fue antes de la primera vez que voté”. Asegura que la actividad sindical tuvo mucha influencia en su formación, “soy un producto de ella”. “Después de AEBU [Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay], y de haber salido de la cárcel estuve en la Federación Obrera del Transporte y fue muy valioso porque me permitió aprender qué pasaba con el transporte, cuáles eran los costos, me permitió estar del lado de los trabajadores en Consejos de Salarios”.

“Estaba haciendo la cuenta y este año vamos a darle un abrazo a Tabaré el 28 de febrero en la plaza Lafone”, lo miro y espero que siga. “¿Es que te das cuenta? Todo empezó de alguna manera ahí, en aquel día de febrero del año 1990, cuando Tabaré asumía la intendencia. Me acuerdo que yo llevaba una resolución que habíamos preparado y que habíamos terminado de escribir en esa tarde para que firmáramos en la plaza, se trataba de la rebaja del 40% el precio del boleto. Y hoy 30 años después volvemos al mismo lugar”.

PING-PONG

–¿Cuál es el rasgo principal de su carácter?

–Y yo qué sé cuál es.

–Bueno, ¿cuál diría?

–Tal vez trato de tomar iniciativa, trato de hacer, de resolver, de decidir.

–¿Cuál es el miedo más grande que tiene?

–¿Miedo? Bueno, el miedo de fallarme a mí mismo y a quienes confían en mí y me quieren.

–¿Un libro?

–Ah, bueno. Soy un loco de Don Quijote (risas). Me enamora, me gusta… (y al decirlo golpea la mesa). Me gusta pelearlas, aún las difíciles.

–¿Una canción?

–Soy medio de los tangos. Me gusta cuando estoy muy loco poner en la oficina por ejemplo a un Julio Sosa. El último café…

–¿Una lección que aprendió en la vida?

–Nunca uno tiene siempre toda la razón y a quien tiene enfrente nunca le falta un poco de razón. Siempre tratar de aun siendo atropellador, como soy, dar una vuelta más antes de tomar la decisión para valorar los argumentos pro y contra, para tratar de encontrar el equilibrio. Y si hay algo que creo que es una buena enseñanza de mi abuelita es aquello de antes de tomar la decisión contar hasta diez.

EN RUTA

–¿Cuál es la ruta que más disfruta?

– (Risas) Bueno, depende para qué.

–Por ejemplo, en verano…

–Mire, yo soy un bicho raro porque en esos últimos cinco años, por un tema de trabajo, no era mi ruta agarrar para el Este, la 9 por ejemplo…

–Dígame entonces una ruta que le guste…

–¿Una que esté muy bien?

–Una que a usted le guste recorrer…

–Tenemos rutas muy lindas, muy hermosas. Por ejemplo, ¿usted conoce la Ruta 31?

No.

–Recorre los departamentos de Salto y Tacuarembó. Es una ruta que no está muy bien, aunque está mantenida, acabamos de hacer unos puentecitos porque había unos cruces muy peligrosos. Es una ruta muy quebrada, con muchas curvas y repechos y es pintoresca… Esa es una ruta linda para ir tomando mate una mañanita de verano tempranito.

–¿Lo ha hecho?

 –Bueno, no he podido, pero cuando la recorría pensaba: cuando tenga tiempo voy a salir de mañana temprano conversando con mi señora y vamos a ir tomando mate y viendo ese panorama.

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"Sería deseable que el país cuente con un plan de infraestructura que trascienda un Gobierno, una política de estado. Porque cuando hay reglas claras el sector privado se potencia". Ing. Diego O'Neill, presidente @CCU_Oficial.

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