Cien años de historia, cien años por delante
noviembre 26, 2025
La Asociación Rural del Uruguay lidera el proceso de restauración de sus históricos galpones que tienen más de un siglo de vida útil. La obra recupera su valor patrimonial, los adapta a las demandas de uso actuales y preserva la identidad de un predio emblemático.
Por Elisa Juambeltz
Hay lugares que trascienden su función y se convierten en símbolos de una época, de una forma de ser país. La Rural del Prado es uno de ellos. Durante más de un siglo, la Asociación Rural del Uruguay (ARU) ha cuidado este predio como guardiana de un patrimonio que pertenece a todos. Año tras año, en eventos como la Expo Prado y la Criolla del Prado, estos galpones centenarios se transforman en el corazón palpitante del Uruguay rural, convocando a miles de visitantes que llegan desde cada rincón del territorio.
“Por ley, la ARU está en este predio desde 1909, incluso antes de que existiera la Intendencia de Monte video. En ese entonces, el Estado cedió el predio para desarrollar exposiciones agropecuarias. A lo largo de más de un siglo, la relación se mantuvo prácticamente igual”, recuerda el presidente de la institución, Rafael Ferber, al contextualizar el vínculo de la institución con el emblemático lugar.
En 2022, la ARU emprendió un proyecto para recuperar los tres galpones históricos de la Rural del Prado, construidos en 1913 y declarados Monumento Histórico Nacional. De esta manera, se busca devolver a estos espacios su valor arquitectónico original y adaptarlos a las exigencias de uso actual.
UNA DECISIÓN ESTRATÉGICA
El deterioro edilicio comenzó a hacerse evidente a fines del siglo XX, pero fue en 2016 cuando el galpón N° 1 quedó en condiciones notoriamente precarias y los otros dos recibieron restricciones para su habilitación.

“Desde el primer momento empezamos a buscar soluciones y nos encontramos con el desafío de conciliar con las exigencias de Patrimonio. Incluso llegamos a considerar dejar el Prado; pero después de la pandemia decidimos quedarnos y reacondicionar el predio”, cuenta Ferber.
La ARU resolvió financiar la totalidad de la obra ‒una inversión estimada en cinco millones de dólares‒, tras convencerse de que la exposición debe seguir realizándose allí. “No decidimos hacer esta obra por nostalgia, sino porque Patrimonio nos lo exige y porque entendemos la importancia de seguir acá”, explica el presidente de la ARU.
UN PROYECTO AMBICIOSO Y DESAFIANTE
El encargo de la recuperación tiene como responsables a los arquitectos Elisa Pascual y Carlos Pascual. Este último, especializado en patrimonio, había desarrollado años atrás un plan maestro para el Prado, mientras integraba el equipo de trabajo de la Intendencia de Montevideo. Después de jubilarse como empleado municipal, fue contratado por la ARU de forma privada para este proyecto.
“La directiva de la ARU decidió encarar el 100% del costo de la recuperación de los galpones. Presentamos la propuesta a Patrimonio y a la Comisión del Prado y, una vez ganada la licitación, empezamos a trabajar juntos. Tuvimos una relación excelente: llegamos rápido a un acuerdo sobre la solución que hoy está activa en los galpones 1 y 3”, explica Carlos Pascual.
La ejecución de la obra está a cargo de la empresa ST. Alrededor de 25 trabajadores en obra y un total de 50 personas entre proveedores internos y externos participan del proceso, que implica un proyecto de restauración integral. Reforzar estructuras, rehacer pisos y restaurar portones de pinotea reutilizando madera original son algunas de las principales tareas.
“Cada vez que trabajo en un monumento dedico los meses previos al comienzo de la obra a reunir documentación histórica. En este proceso, descubrimos, por ejemplo, que los galpones estaban originalmente pintados de blanco, como parte de una concepción higienista de la época, y en el trabajo en el galpón N° 1 recuperamos ese color. También replicamos la cercha de madera original, pero en metal, incorporando pilares que alivian la carga y prolongan la vida útil por al menos cien años más”, detalla el arquitecto.
EN VARIAS ETAPAS
El galpón N° 1 ‒el más antiguo y también el más deteriorado‒ fue el primero en ser intervenido. El objetivo era tenerlo listo para la Expo Prado 2024; meta que se logró con éxito. “Recuperamos espacio para animales, volvimos al color blanco original del galpón y reconstruimos las puertas y portones manteniendo sus características originales, lo que hace lucir el galpón y, naturalmente, realza la exposición”, describe Ferber.

El galpón N° 3, que fue el siguiente en ser abordado, ya tiene su estructura recuperada y el nuevo piso se terminará este año. Mientras tanto, en el galpón N° 2, ubicado al centro, se iniciarán las obras de cimientos a fines de 2025 con el objetivo de quedar operativo para la Expo Prado 2026. La intención es climatizarlo y dotarlo de servicios que permitan un uso más amplio del lugar durante todo el año.
El trabajo de restauración en cada galpón supone una inversión aproximada de 1,5 millones de dólares, incluyendo pisos diseñados para soportar la circulación de animales sin deslizamientos y un sistema desmontable de corrales metálicos que evita perforaciones y daños en el pavimento.
PRESERVAR NUESTRA HISTORIA
Como proyecto de restauración se buscó respetar y honrar a sus autores originales: Cayetano Buigas y Monravá, arquitecto catalán contemporáneo de Gaudí, y Juan Aubriot, referente local.
Pascual explica que el diseño original de los galpones fue concebido ‒en aquellos tiempos‒ como la mejor puesta en escena para la ganadería nacional a comienzos del siglo XX, un momento de auge y prosperidad para nuestro país. “Ese fue un período de mucha riqueza para Uruguay. Entonces, me parece importante rescatar ese espíritu; es un mensaje potente”, asegura Pascual.
Para el arquitecto, la restauración de los galpones no solo responde a una exigencia normativa, sino que pone en valor un símbolo de la identidad agropecuaria del Uruguay. “Los edificios siempre tienen una carga simbólica”, explica. “Mantenerlos vivos es importante: habla de nuestra historia y de la época del primer batllismo, del optimismo del siglo XX y de la búsqueda de la mejor genética ganadera. La gente lo percibe sin necesidad de saber de arquitectura”.
“Los edificios históricos de nuestro país no son medievales ni renacentistas; pero si no ponemos empeño en sostener lo que tenemos, nos vamos a quedar sin nada. Estos símbolos hacen a la identidad de un país y a su manera de contar la historia”, agrega el arquitecto.
Ferber, por su parte, no se opone a la preservación del patrimonio, pero exige reglas claras y una política de financiamiento. “El patrimonio debe estar definido y contar con recursos públicos para su manutención; no es justo que los privados carguen solos con algo que es de todos los uruguayos”, explica el presidente de la ARU.
EL PORVENIR DE UN ESPACIO HISTÓRICO
Con los galpones N° 1 y N° 3 prácticamente finalizados y el trabajo en el galpón N° 2 por arrancar, el proyecto avanza de forma sostenida y tal cual se estipuló. A partir de estas obras, “los galpones están entrando en una nueva etapa de vida útil, que esperamos que sea de cien años o más”, concluye Ferber.
Sin embargo, mirar más allá se hace necesario. Sobre la mesa está la idea de trabajar en un plan maestro para la Rural del Prado, que incluya la restauración y la mejora de otras áreas del predio, como el palco oficial y los espacios abiertos. Ferber acepta que buscan “modernizar el resto del terreno”, pero que ‒por ahora‒ están abocados a los galpones.
Mientras tanto, para setiembre del 2026, los galpones restaurados volverán a brillar en su totalidad, listos para escribir su próximo siglo de historia.


