Habemus budgetum
enero 16, 2026
Por Ing. Alejandro Ruibal, presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay
El presupuesto Nacional Período 2025-2029 fue aprobado por el Parlamento en diciembre pasado, después de meses de discusión, negociaciones y acuerdos. En la última votación de Diputados, la iniciativa contó con 82 votos a favor y 17 en contra. Se mostró un considerable nivel de consenso que habla bien del sistema político todo, de su capacidad de diálogo y decisión. Es de orden reconocerlo porque es señal de una democracia activa y fuerte.
Nos hemos acostumbrado a esta gimnasia que hace que, en los primeros años de un nuevo gobierno, vivamos con el agua que traemos en la cantimplora. En el primer año de gestión el Uruguay logra cruzar el desierto con lo que queda en la cantimplora, con el resto, con lo que hay. Es casi una tradición. Ahora, con el presupuesto quinquenal definido, con los énfasis claros y las decisiones encaminadas, es imprescindible avanzar.
Tener Presupuesto no implica que las obras, los proyectos, las inversiones se van a materializar inmediatamente. Somos conscientes de que los procesos de preparaciones de pliegos, llamados a licitaciones, procesos de adjudicación, estructuración de financiamiento, entre tantas otras cosas, llevan su tiempo y necesario trabajo. No se pueden subestimar los plazos, el esfuerzo y la dedicación que implican esos pasos. Pero las obras no se hacen solas, y cuando te querés acordar, el tiempo pasa y la ejecución se demora.
Tomando en cuenta y respetando los procesos para pasar de la idea a la concreción de la obra, resaltamos la importancia de trabajar en forma ejecutiva y constante, para pelear contra los plazos. Es la única manera de poder empezar a ejecutar los proyectos en el tiempo que los uruguayos lo necesitan, porque nadie hace un proyecto porque sí. Las obras se precisan en un momento determinado.
Desde hace años, hemos destacado que es imprescindible mirar con las luces largas, trabajar con mirada de largo plazo y ser eficientes para tener en tiempo y forma las infraestructuras que el país necesita. Por eso desde hace tanto insistimos en la importancia de crear una Agencia Nacional de Infraestructura, y vemos con buenos ojos la decisión de darle cabida dentro de la Corporación Nacional para el Desarrollo.
Como destacaba al principio, es muy importante que la democracia uruguaya sea fuerte, que nuestros partidos políticos sean sólidos, que se busquen puntos de encuentro aun en las diferencias, pero estamos en un mundo muy competitivo, cambiante, y si queremos atraer inversiones debemos ofrecer algo más. Mucho más.
Recibí con optimismo y entusiasmo la noticia de la creación de una Agencia de Infraestructura. La decisión se comunicó en el marco de la celebración de los 40 años de la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND), que se concretó a mediados de diciembre pasado, en la Torre Ejecutiva. Allí se anunció que la hoja de ruta de la CND apunta a su evolución como Agencia de Infraestructura del Estado. Escuchamos al director del departamento internacional y de finanzas de la Autoridad de Infraestructura y Transformación de Servicios del Reino Unido, Sr. Javier Encinas, que presentó la experiencia de trabajo, los resultados que han obtenido, y destacó la creación de este tipo de organismos como un antídoto contra el cortoplacismo.
Desde hace años, en estas páginas y en otros ámbitos, hemos destacado que es imprescindible mirar con las luces largas, trabajar con mirada de largo plazo y ser eficientes para tener en tiempo y forma las infraestructuras que el país necesita. Por eso desde hace tanto insistimos en la importancia de crear una Agencia Nacional de Infraestructura y vemos con buenos ojos esta decisión de darle cabida dentro de la CND.
Desde nuestro lugar, como gremial empresarial, como empresarios y ciudadanos, haremos lo que corresponda para potenciar esa Agencia y para impulsar con énfasis el Consejo de Política de Infraestructura.
El Presupuesto está aprobado, empezó el 2026, hay nuevas herramientas y el país necesita que todos estemos a la altura de las circunstancias. A dejar de lado las diferencias y a ocuparse de los problemas reales. Cada uno desde su lugar, cada uno desde donde le toca. Como dijo José Ortega y Gasset, “a las cosas”.
