Accidentabilidad: suenan las alarmas
enero 16, 2026
El 2025 marcó un punto de inflexión en la accidentabilidad de la industria de la construcción. Con 1.409 accidentes en el primer trimestre ‒el peor arranque de año desde al menos 2017‒, las cifras impulsan un debate necesario sobre cómo construir un futuro más seguro para los trabajadores.
Por María José Fermi
Las cifras no mienten. Y en este caso son contundentes y alarmantes. En 2024, Uruguay registró, a través del Banco de Seguros del Estado, 49.744 accidentes laborales en toda la economía, el nivel más alto desde 2014. De ellos, 5.204 correspondieron a trabajadores de la construcción, también un récord histórico. Y el 2025 no trajo mejores noticias: en el primer trimestre del año se contabilizaron 1.409 accidentes en el sector, la cifra más elevada para ese período desde al menos 2017.
Los números del Informe de Accidentabilidad Laboral en la Construcción elaborado por el Departamento de Estudios Económicos de la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU) ‒y publicados en octubre del 2025‒ revelan una tendencia preocupante que se viene consolidando desde 2020. Pero más allá de las estadísticas, cada cifra representa una vida afectada, una familia que enfrenta consecuencias, un trabajador que quizás no vuelva a ser el mismo.
RADIOGRAFÍA DE LOS ACCIDENTES
Los datos muestran tendencias claras: el 98,7 % de los afectados son hombres, cifra que guarda coherencia con la composición del personal directo de obra. Además, seis de cada diez accidentes ocurren en trabajadores de entre 26 y 45 años, en plena vida laboral activa.
Aún más revelador es el factor de la antigüedad. En promedio, 61 de cada 100 accidentes en la construcción ocurren en trabaja dores con menos de un año en la empresa.
Los accidentes en la construcción han aumentado sostenidamente desde 2020. En 2024 se registraron 5.204 casos, el nivel más alto desde 2014.
La geografía de los accidentes también tiene su lógica: más de la mitad se concentra en Montevideo, seguida por Maldonado (12 %) y Canelones (10 %), en línea con la distribución de obras activas en el país. En cuanto a los tipos de siniestros, un cuarto corresponde a esfuerzos excesivos o falsos movimientos, un 19 % a pisadas, choques con objetos y golpes, y casi un 14 % a caídas de personas.
UN PROBLEMA QUE TRASCIENDE LOS NÚMEROS
“Fue un mal año”, reconoce el presidente de la CCU, Ing. Alejandro Ruibal al referirse al 2025, “no es aceptable ni un fallecido, pero cuando encima se trata de un número alto, es evidente que algo está pasando”. Así, pues, el ingeniero descartó que se trate solo de algo circunstancial: “No nos podemos esconder en que esto es una coyuntura. Todos los actores involucrados en la industria tenemos que hacer algo”.

Para dimensionar el impacto, los índices técnicos son elocuentes. En 2024, el índice de incidencia alcanzó 6,37 accidentes por cada 1.000 trabajadores, el más alto desde 2017. En el primer trimestre de 2025, este índice subió a 6,96. Por su parte, el índice de frecuencia llegó a 51,79 accidentes por cada millón de horas trabajadas en 2024, escalando a 59,3 en los primeros meses del siguiente año.
Entre enero y agosto de 2025, la Inspección General del Trabajo y de la Seguridad Social (IGTSS) del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social reportó 31 accidentes laborales fatales en todo el país. De ellos, un tercio correspondió a la industria de la construcción. El mayor número de muertes se debió a caídas desde altura, con 10 casos.
El Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos (Sunca) también ha levantado la voz de alarma. A fines de setiembre llevó adelante un paro nacional de 24 horas bajo la consigna “En defensa de la vida”. Su presidente, Richard Ferreira, señaló a Telemundo que, hasta ese momento, en 2025 habían fallecido 13 personas en accidentes laborales en la industria de la construcción. “Consideramos que estamos en una situación de emergencia, de extrema gravedad”, declaró.
EL CAMINO HACIA ADELANTE
La solución requiere de un esfuerzo conjunto; así lo asegura Ruibal desde la gremial empresarial y también lo deslizan el Sunca y el Estado a través de sus propuestas. “Todos tenemos algo por hacer”, insiste el presidente de la CCU, “este no debería ser un tema de desunión, de tirarnos la responsabilidad unos a otros, sino de asumir juntos la responsabilidad”.
La receta, según Ruibal, pasa por dos pilares funda mentales: profesionalizar empresas y profesionalizar trabajadores. “¿Qué quiere decir una empresa profesional? Pues que cuente con técnicos responsables y capacitación. Acá el técnico es muy importante cuando diseña el procedimiento constructivo de una obra: con qué herramientas se va a hacer, de qué manera se va a construir, el análisis de riesgo de la obra”, explica. “Pero, después, también está la capacitación del obrero y la profesionalización del obrero. Tener obreros profesionales que se saben cuidar a sí mismos y a sus compañeros es muy importante”.

El ingeniero aclara, eso sí, que es necesario distinguir entre la actividad formal y la informal. “En la informalidad, como empresas, nosotros no podemos hacer nada porque ni siquiera nos enteramos. Pero también hay que reconocer que tenemos debilidades porque ha habido hasta fallecidos formales. Y ahí es donde creo que tenemos mucho para hacer”, señala.
PROPUESTAS EN DEBATE
Hace ya unos meses que el Sunca promueve la aprobación de una ley integral de seguridad y salud laboral que contemple campañas de sensibilización permanentes, capacitación obligatoria, un registro de empresas infractoras, y protocolos de investigación de siniestros. También ha propuesto aumentar la cantidad de inspecciones, lo que requeriría mayor presupuesto del gobierno para esa área.
Desde la CCU, Ruibal se muestra abierto a algunas de estas propuestas, pero con matices. “Yo estaría de acuerdo en crear un ranking de accidentalidad en las empresas formales”, señala, aunque advierte: “El fin no es matar a la empresa, sino que esta corrija”.
En cuanto a la ley integral, el presidente de la CCU considera que muchas de las medidas propuestas pueden implementarse sin necesidad de nueva legislación. “Hay muchas cosas que se pueden hacer sin ley. Hay que ser práctico”, opina. No obstante, coincide en la necesidad de mejorar los mecanismos de capacitación y concientización. “Lo más grande que se ha tratado de hacer es mejorar la capacitación en la prevención y también se han hecho campañas de concientización, pero se puede seguir profundizando. Este es un trabajo constante”, explica.
“Fue un mal año”, reconoce, desde la CCU, Alejandro Ruibal, al referirse al 2025, “no es aceptable ni un fallecido, pero cuando encima se trata de un número alto, es evidente que algo está pasando”.
RESPUESTA DESDE EL ESTADO
A mediados de setiembre, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social lanzó la campaña “Compromiso Nacional por la Vida y la Seguridad en el Trabajo”, que busca reducir la siniestralidad e involucrar a sindicatos, empresas y sociedad civil para fortalecer la cultura de la prevención. El plan incluye capacitación, fiscalización, recorridas y operativos en ramas críticas, seguimiento de la siniestralidad y evaluación de indicadores de rendimiento.
El inspector general de Trabajo y Seguridad Social, Luis Puig, explicó en conferencia de prensa que “la iniciativa es a mediano plazo, de alcance nacional, e incluye la participación activa de empleadores y trabajadores para impulsar un cambio cultural que vincule directamente el trabajo con la vida, la salud y la seguridad”, precisó.
“Hay que discernir entre los accidentes que ocurren en el marco de la formalidad y la informalidad. En la informalidad, como empresas, nosotros no podemos hacer nada porque ni siquiera nos enteramos”. Ing. Alejandro Ruibal, CCU
Entre enero y agosto de 2025, la IGTSS realizó 1.098 inspecciones en la industria de la construcción, generó 493 actas con observaciones y ordenó 93 clausuras preventivas, de las cuales 18 implicaron el cierre total de obra.
CAMBIO CULTURAL
Más allá de las cifras y las propuestas legislativas, hay un elemento que todos los actores mencionan: la necesidad de un cambio cultural profundo. Esto implica que cada trabajador tome conciencia de los riesgos, que cada empresa disponga de los medios para capacitar y proveer herramientas adecuadas, que cada técnico diseñe procedimientos seguros y que el Estado refuerce su rol fiscalizador.
“La única receta que a mí se me ocurre que funciona es tener empresas profesionales y trabajadores profesionales”, resume Ruibal. Es un trabajo duro y constante, reconoce, pero necesario. Porque detrás de cada estadística hay una vida que debe ser protegida.


