Inversión

Fases II y III del data center de Antel en Pando.

Fotos: Ingener

Data centers, subirse a la nube

noviembre 26, 2025

¿Puede Uruguay transformarse en un polo regional de data centers? Con Google y Antel como antecedentes, el país combina ventajas energéticas y experiencia constructiva, pero aún quedan desafíos para atraer más inversiones.

Por Manuella Sampaio

El ecosistema de la construcción en Uruguay suele estar marcado por obras de viviendas, rutas o plantas industriales. Sin embargo, en los últimos años empezó a asomar otro tipo de infraestructura, casi invisible para la mayoría de los ciudadanos, pero estratégica para el futuro: los data centers. Allí se concentran, procesan y resguardan cantidades gigantescas de información, un insumo esencial para la economía digital.

El crecimiento de la actividad en línea y la adopción de tecnologías como la Inteligencia Artificial, el Internet de las Cosas y el Big Data han desencadenado una explosión de datos a nivel mundial que necesitan ser almacenados y gestionados. Los data centers asumen esa tarea y hoy son una pieza imprescindible de la revolución digital. En el futuro, lo serán aún más.

Con este contexto global, Uruguay aparece ante una oportunidad estratégica. ¿Es posible posicionarse como polo regional de data centers? Para el director comercial de Ingener, constructora especializada en infraestructura energética, Ing. Santiago Tosar, la respuesta es clara. “Sí, entendemos que Uru guay tiene una oportunidad para el desarrollo de esta industria”, asegura, y destaca que no se trata de una posibilidad lejana: el país ya tiene proyectos en marcha y un ecosistema técnico y energético que lo coloca en el radar global.

Fases II y III del data center de Antel en Pando.

El caso más emblemático es el de Google, que construye acá su primer data center de hiperescala en Sudamérica. La obra está en plena ejecución y, según Tosar, la primera etapa debería comen zar las operaciones en el primer semestre del año que viene. La magnitud del proyecto impresiona: tendrá 64 megas de potencia de consumo de la red y se convertirá en el mayor consumidor eléctrico del país. La inversión anunciada ronda los 850 millones de dólares.

Pero Google no es el único jugador en este partido. Antel inauguró en 2016 la primera fase de su data center en Pando, con un diseño de cuatro etapas que ya lleva tres desarrolladas y una cuarta en camino. “Es decir, no estamos hablando de un proyecto aislado, sino de una industria que ya está en desarrollo”, enfatiza Tosar.

Además de Google y Antel, en Uruguay también existen otros centros de datos de menor envergadura. Según Data Center Map ‒plataforma que ofrece información sobre estas infraestructuras en todo el mundo‒, el país cuenta con diez instalaciones de este tipo: ocho en Montevideo, una en Canelones y una en Maldonado.

La llegada de estas iniciativas responde a un contexto favorable. Uruguay logró entre 2013 y 2017 una transición energética que le permitió abastecerse mayoritariamente con fuentes renovables. Esa base fue determinante para que empresas globales eligieran instalarse aquí. Como explica el ingeniero, los centros de datos requieren energía firme, confiable y limpia, disponible las 24 horas. Y el país puede ofrecerla.

EL ROL DE LA CONSTRUCCIÓN

El impacto de los data centers no se mide solo en innovación tecnológica. También dinamizan a la industria de la construcción, que encuentra en estas obras un desafío de alta exigencia para el que ya está preparada. Así lo explica el vicepresidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, Ing. Daniel Vázquez, al señalar que “la experiencia acumulada en proyectos industriales de gran escala, como las plantas de celulosa, nos preparó para estar a la altura de este tipo de obras. Las empresas logran coordinarse para cumplir con plazos y estándares de seguridad que son innegociables”.

Esa capacidad se refleja en los números del proyecto de Google, que hoy es el principal del país en términos de personas ocupadas. En el pico de actividad se acercará a las mil personas trabajando en la obra.

Los centros de datos requieren energía firme, confiable y limpia, disponible las 24 horas. Que Uruguay lograra una exitosa transición energética para abastecerse mayoritariamente de fuentes renovables fue determinante para que empresas globales eligieran instalarse en el país.

La particularidad es que, a diferencia de otros emprendimientos internacionales, la mayoría de los contratos fueron otorgados de manera directa a empresas loca les. “Eso nos permitió desarrollar especialidades, generar un know-how en una industria que es extremadamente exigente en plazos, calidad y seguridad laboral”, añade Tosar.

Ese aprendizaje colectivo se convierte en un activo para atraer nuevas inversiones. “Que una compañía como Google contrate en forma directa con empresas uruguayas nos da un sello de seriedad como plaza. Demuestra que podemos proveer servicios de construcción de alta calidad y recibir más proyectos”, asegura Vázquez.

ENERGÍA, INNOVACIÓN Y AGENDA PÚBLICA

La expansión de esta industria plantea un reto adicional: reforzar la infraestructura energética y de transmisión. Si bien Uruguay está bien posicionado, los futuros proyectos exigirán nuevas inversiones. “El cuello de botella global hoy es la energía. La demanda de data centers crece más rápido que la infraestructura disponible. El país que logre dar condiciones para desplegar proyectos de forma rápida y segura va a estar mejor posicionado para atraerlos”, explica Tosar.

El potencial no se limita a la infraestructura física. También hay un efecto de derrame sobre la innovación y el ecosistema emprendedor. “Este tipo de proyectos te pone en el radar de compañías globales y puede apalancarnos como hub de innovación, con empleos de alta especialización y servicios asociados”, sostiene Tosar.

Fases II y III del data center de Antel en Pando.

En este punto, tanto desde la CCU como desde Ingener destacan la necesidad de políticas públicas claras. Incentivos fiscales, promoción internacional y un trabajo conjunto entre sector público y privado son piezas clave. “Es fundamental la sinergia. Hay una parte que es inversión privada directa, pero otra ‒como la transmisión de energía‒ que depende de infraestructura pública. Si la propuesta es conjunta, el país gana en seriedad y atractivo”, señala Vázquez.

UN FUTURO ABIERTO

La instalación de Google es solo el comienzo. Según Tosar, con las condiciones actuales Uruguay podría albergar dos o tres proyectos similares de aquí a 2030. Vázquez es más ambicioso: “Si simplificamos procesos y damos garantías ambientales y de seguridad, podríamos apuntar a uno o dos proyectos de este tamaño por año. Eso consolidaría un círculo virtuoso de inversión, energía, empleos calificados y servicios asociados”.

Ambos expertos coinciden en que no se trata de una industria pasajera. Los data centers ‒afirman‒ son una infraestructura neutra desde el punto de vista ambiental y con capacidad de proyectar al país como destino confiable de inversión. “La parte de refrigeración no se hace con agua, se hace simplemente con intercambiadores de aire, con lo cual en sí no vemos alertas; todo lo contrario, es algo neutro”, anota Vázquez.

En definitiva, el país tiene sobre la mesa una oportunidad que conjuga sus ventajas energéticas, su capital humano y la experiencia constructiva acu mulada. Para capitalizarla, será necesario moverse rápido y de manera coordinada. “Hoy la industria tiene una demanda insatisfecha. El país que pueda responder con agilidad será el que lidere”, resume Tosar.

En este tablero, Uruguay ya hizo las primeras movidas. Lo que está en juego ahora no es solo captar nuevas inversiones, sino decidir qué lugar quiere ocupar en la economía digital. Si las condiciones se consolidan, cada nuevo proyecto traerá consigo algo más que ladrillos y servidores: puede ser la puerta de entrada para que el país se vincule a cadenas de valor globales, genere empleos de alta especialización, potencie a sus propios emprendedores y dé el salto para convertirse en un actor confiable en la era de los datos.

Hoy, el data center de Google es el principal proyecto constructivo del país en términos de personas ocupadas. En el pico de actividad se acercará a las mil personas trabajando en la obra.

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