Cristina Vázquez: «Ser trabajadora ha sido mi llave»
mayo 19, 2025
Doctora en Derecho, especialista en Derecho Administrativo, con foco en la obra pública y participación público-privada, Cristina Vázquez ha ocupado cargos de responsabilidad técnica y política a lo largo de más de tres décadas. Fue asesora en Presidencia, directora y presidenta de organismos reguladores, y la primera mujer en alcanzar la cátedra en su especialidad. Con una mirada crítica y comprometida, Vázquez ha hecho de la excelencia su norma.
Por Alejandra Pintos
Cristina Vázquez abre la puerta con una sonrisa y nos conduce al living de su apartamento con vista a la rambla de Malvín. Cuenta que se crio a pocas cuadras, en Buceo, un barrio que recuerda como de “casas de puertas abiertas”, lo que le permitió “largas horas de juegos” con los vecinos.
La doctora en Derecho lleva un traje blanco, y le calza perfectamente. No es casualidad, su padre era sastre y su madre, pantalonera. Por eso, Vázquez bromea con que es un poco costurera. Durante las vacaciones ayudaba a sus padres en ese oficio compartido, que requiere de tanta precisión y dedicación. Esa fue una de las experiencias que marcó su “cultura de trabajo”.
“Era impensable pasar tres meses sin hacer nada”, destaca.
EL TRABAJO COMO MOTOR
El trabajo es un tema que cada pocos minutos vuelve a hacerse presente en la conversación con Vázquez. Es su gran motor. “Éramos muy humildes, pero teníamos unos valores muy fuertes, además de una gran confianza en la permeabilidad social, en que este país te permitía llegar a donde te lo propusieras si ponías empeño”, destaca.

La abogada aspira a la excelencia y sabe que eso implica sacrificios, pero no titubea a la hora de hacer los. Fue a escuela y liceo públicos, y aprovechó cada oportunidad que tuvo. Fue abanderada y viajó por primera vez al exterior al terminar la escuela, becada por el Rotary Club, junto a otros compañeros que también tenían buenas calificaciones. Con 14 años, después de recibir el diploma First Certificate in English, empezó a dar clases de inglés a sus compañeros del barrio, los preparaba e inscribía para dar ese examen.
Aunque era casi una niña, entendía la importancia de saber idiomas para tener un buen futuro ‒también estudió francés, italiano y portugués‒.
Y, tal vez, fue el inicio de su vocación docente.
CRISTINA, LA DOCTORA EN DERECHO
“Mi abuelo, que vivía con nosotros, me contó que iba en el ómnibus y un guarda le faltó el respeto a una señora. Entonces, se levantó un muchacho y le dijo al guarda: ‘usted tiene que respetar a la señora’ y le mostró que llevaba debajo del brazo un Código Civil. ‘Los abogados defienden a los débiles’, me resaltó. Yo no sé si esta historia es cierta o no, pero me impresionó mucho y me quedé con la idea de que ser abogado es lo máximo a lo que uno puede aspirar. Era la generación de ‘mi hijo el doctor’”, recuerda Vázquez.
Su abuelo, Silvestre, trabajaba como jardinero para una pareja de abogados y solía incentivar a su nieta a que hablara con ellos de Derecho. Cuando se recibió de profesora adscripta quien le dio el título fue Américo Plá Rodríguez, decano de la facultad de Derecho y aquel abogado que le había presentado su abuelo. “Me acuerdo que me dijo: ‘Silvestre te está viendo’”.
Vázquez fue alumna en la escuela y liceo públicos, y aprovechó cada oportunidad que tuvo. “Éramos muy humildes, pero teníamos unos valores muy fuertes, además de una gran confianza en la permeabilidad social, en que este país te permitía llegar a donde te lo propusieras si ponías empeño”, dice.
Ese sueño de la niñez lo llevó consigo hasta la adolescencia y decidió estudiar abogacía, aunque la situación política del país –que atravesaba la dictadura cívico-mi litar– demoró su ingreso a la Universidad de la República, que fue intervenida. Durante esos años no pudo estudiar, se casó y tuvo una hija. Luego, hizo prácticamente toda la carrera siendo madre y trabajando a tiempo completo.
Su rutina empezaba temprano, a las seis de la mañana, cuando se levantaba para preparar las mamaderas o los purés y a las siete se sentaba a estudiar durante una hora. Luego dejaba a su hija en la casa de su madre y se tomaba el ómnibus para estar a las nueve de la mañana en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP). Y después de trabajar ocho horas acudía a las clases nocturnas de la Facultad de Derecho. “Era muy sacrificado”, confiesa.
Vázquez se especializó en el Derecho Administrativo (que es el “Derecho del Estado”, subraya). La elección estuvo marcada por su trabajo en el MTOP, pero también porque creía que era competente y le gustaba el “componente político” que podía llegar a tener esa rama. Esa inclinación por la política se materializó cuando se convirtió en asesora en Presidencia de la República, durante los gobiernos de Luis Alberto Lacalle, Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle.

–¿Cuál fue el motor que la impulsó a hacer tantos sacrificios en sus comienzos?
–Enorgullecer a mis padres, a mis abuelos, a mi familia. También sentirme realizada y lograr un objetivo importante, ser abogada, que lo hacía por mí misma y por la sociedad, porque pensaba que ser abogado era una profesión que te permitía ayudar a otros.
–¿Conserva esa percepción?
–Yo fui 38 años abogada del Estado, y cuando estás en el Estado tenés la idea de que lo que estás haciendo es por el interés público, es para todos. Porque el Estado, ¿qué hace? Construye carreteras, hace obra pública.
–¿Qué rol jugó la obra pública en su carrera?
–La obra pública fue el centro de mi investigación jurídica durante la mayor parte de mi actividad académica, muy influenciada por mi actividad como asesora en el ministerio. En aquellos años, este concentraba una muy vasta competencia en ejecución de obra pública. Además de participar en innumerables comisiones de adjudicación, me tocó actuar como procuradora en los trámites de expropiación de predios para la obra de los Accesos a Montevideo, y más tarde, ya abogada y en tiempos del auge de las concesiones, en el control de la concesión de la doble vía a Punta del Este. Mi trabajo de tesis para acceder al título de Profesora Adscripta fue “Modalidades de ejecución de la obra pública”, que luego de aprobado se publicó como libro. A partir de entonces he escrito varios artículos y libros sobre el tema [Contratación de obra pública y El régimen de Participación Público Privada, entre otros].
–¿Tuvo algún mentor que dejara una huella?
–En el Ministerio de Transporte y Obras Públicas trabajé con Alejandro Atchugarry, que era una persona sumamente inspiradora. Era comprometido, trabajador. Vos veías que lo daba todo y a mí eso me pareció inspirador.
SER LA PRIMERA
Cristina Vázquez fue la primera catedrática mujer en Derecho Administrativo y directora del Instituto de Derecho Administrativo entre 2017 y 2021. Ser la primera, sin embargo, no es algo que le haya generado una presión extra. Por el contrario, fue cobrando importancia con el paso del tiempo.
“Cuando vos llegás, para vos es lo mismo que fueras hombre o mujer. La carrera es competitiva en cuanto que para pasar de grado tenés que presentarte a un concurso. Esos concursos son de méritos, de pruebas, etc. Y entonces ahí, para serte sincera, no sos tan consciente de que ‘yo soy mujer y él es varón’, sino que estamos concursando y, bueno, el que obtenga mejores resultados va a ser. Ni siquiera había pensado que iba a ser la primera mujer, después todo el mundo lo señalaba. Pero cuando lo estás transitando no sos muy consciente”, afirma.
Cristina Vázquez fue la primera catedrática mujer en Derecho Administrativo y directora del Instituto de Derecho Administrativo entre 2017 y 2021. Ser la primera no es algo que le haya generado una presión extra. Por el contrario, fue cobrando importancia con el paso del tiempo.
Vázquez le resta importancia a ser la primera en algo, pero tal vez es porque fue la primera muchas veces. Por ejemplo, también fue la primera directora de la recién creada Unidad Reguladora de la Energía Eléctrica (la UREE) en el año 2000, por recomen dación del entonces ministro Lucio Cáceres. Luego pasó a ser directora de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea), entre 2002 y 2005, y presidenta entre 2005 y 2010. “Fueron diez años fantásticos. Ya no era la asesora, era la que tomaba las decisiones, redactamos el marco regulatorio del sector eléctrico, todo el ingreso de las renovables y el cambio de la matriz energética se hizo ahí”, explica con orgullo.
–¿A qué atribuye esta y todas las oportunidades que tuvo?
–A que soy muy trabajadora. Me siento súper agradecida porque en los distintos ámbitos, tanto en la universidad como en la función pública y en el trabajo profesional, siempre he tenido oportunidades increíbles. Ser trabajador ha sido una llave.
–¿Qué hace para relajarse?
–Leo. En los últimos meses leí Caraguatá, de Leo nardo Haberkorn; Hamnet, de Maggie O’Farrell y La Vegetariana, de Han Kang, porque siempre me gusta leer algo de quien recibe el Nobel de Literatura. También escribo, pero eso es trabajo, porque quiero que me quede bien. Es muy demandante, siempre que me leo encuentro errores; soy muy obsesiva. Entonces, escribir ficción para mí no es relajante.
–¿Trabaja en exceso?
–Mi marido dice que a veces es un defecto, porque puede que estemos de vacaciones y a mí me viene como una ansiedad porque estoy acostumbrada al ritmo intenso de todos los días. No soy muy contemplativa. Él tiene miedo a que me retire (se ríe).

