Vialidad

Foto: Bitafal

El camino a la sostenibilidad vial

noviembre 26, 2025

Aunque la construcción de rutas sostenibles aún enfrenta múltiples desafíos en Uruguay, en el país algunas empresas viales demuestran que es posible reducir el impacto ambiental mediante innovación tecnológica, reconversión energética y un enfoque colaborativo que involucra a todo el sector.

Por Alejandra Pintos

¿Es posible hacer una ruta de forma sostenible? La respuesta es compleja, pero la experiencia de algunas empresas uruguayas indica que sí existen caminos concretos en esa dirección: desde el reciclaje de asfalto hasta la reducción de emisiones, pasando por un enfoque interdisciplinario que integra ingeniería, biología y participación comunitaria. El desafío no es solo técnico, sino cultural y regulatorio.

En un encuentro organizado por la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU) y Pacto Global sobre tendencias en sostenibilidad vial el pasado agosto, referentes de empresas como Bitafal y Traxpalco compartieron sus avances en la implementación de prácticas más responsables con el ambiente.

“La infraestructura que construimos hoy afecta directamente el ambiente que dejaremos a las generaciones futuras, a nuestra descendencia”, dijo en ese marco la gerenta de Gestión Humana de Traxpalco, Arq. Andrea Carballo, quien luego planteó una pregunta que atravesó todo el debate: “Entonces, ¿qué estamos construyendo? ¿Estamos construyendo caminos, rutas, puentes, edificios para hoy, o estamos construyendo futuro?”.

NUEVAS TECNOLOGÍAS

Edificar ese futuro implica repensar procesos que llevan décadas sin transformarse. El asfalto, por ejemplo, se fabrica refinando petróleo para obtener el ligante bituminoso y luego mezclándolo, en caliente, con agregados mine rales. Pero, ¿qué pasaría si ese proceso, que ha permanecido sin modificar durante décadas, se pudiera alterar para disminuir el impacto ambiental?

Un camino posible es el del reciclaje. Según comentó la propia Carballo, el 95% del asfalto puede reciclarse; sin embargo, no es una práctica habitual en Uruguay. “Hay técnicas, como el RAP [que, en inglés, refiere a Pavimento Asfáltico Reciclado], que nos permiten reutilizarlo en plazas públicas, ingresos a escuelas rurales o caminería rural”, explicó. Sin embargo, en la práctica existen ciertas barreras para su uso en el país. “Si ese material no está incluido en el pliego [de la licitación], la Dirección Nacional de Vialidad no permite volver a incorporarlo en la mezcla, pero podemos aprovecharlo para otros fines”, dijo Carballo.

Victoria García, Ana Laura Hernández y Andrea Carballo. (Foto: José Ignacio Gastañaga)

En esa línea, durante el conversatorio, tanto Traxpalco como Bitafal ‒a través de su jefa de Calidad, Seguridad y Medio Ambiente, Ing. Ana Laura Hernández, y de su jefa comercial, Lic. Victoria García‒ subrayaron la importancia de incluir estas prácticas en los pliegos licitatorios, para que no dependan de la “buena voluntad” de las empresas, sino que se conviertan en norma.

De hecho, Bitafal, en su primer Reporte de Sostenibilidad elaborado en 2024, señala la promoción de “la investigación y desarrollo de las tecnologías que utilizan el material recuperado de pavimentos (RAP) y residuos de otras industrias (vidrio, cenizas, escorias, etc.) en la construcción de nuevas carreteras” como uno de los grandes desafíos para lograr un cambio sustancial en la construcción vial uruguaya desde el punto de vista de la sostenibilidad. Estas prácticas permiten reducir la extracción de áridos naturales y promueven la reutilización de recursos dentro de un modelo de economía circular.

Según el mismo reporte, los asfaltos sostenibles representan una evolución tecnológica del material tradicional, concebidos para reducir su huella ambiental sin compro meter la calidad ni la durabilidad de las obras viales. Estos desarrollos integran innovación, eficiencia energética y economía circular en todas las etapas del proceso –desde la obtención del ligante bituminoso hasta su aplicación–, con el objetivo de transformar la vialidad nacional en un sistema más responsable y resiliente frente a los desafíos climáticos.

La empresa ha avanzado en este sentido. Entre los desarrollos más destacados se encuentra una línea de cementos asfálticos, que emplea tecnología de mezclas tibias para reducir entre 35 °C y 50 °C las temperaturas de mezclado, tendido y compactación. Esta innovación disminuye significativamente el consumo de combustible y las emisiones de gases de efecto invernadero, además de mejorar la seguridad de los operarios al reducir su exposición al calor y a los humos.

El 95% del asfalto puede reciclarse mediante técnicas como el RAP (Pavimento Asfáltico Reciclado), aunque en Uruguay su uso aún enfrenta barreras regulatorias que limitan su incorporación en obras viales.

Otra innovación se centra en las emulsiones asfálticas sostenibles, formuladas en base a agua para reemplazar los diluidos convencionales que contienen solventes orgánicos. Este cambio elimina la liberación de compuestos contaminantes y facilita una aplicación más limpia y segura. En algunos casos, incluso, es posible disminuir el tiempo de curado y la necesidad de calentamiento. Esto las con vierte en alternativas eficientes y versátiles para obras de mantenimiento y pavimentación.

Paralelamente, Bitafal también desarrolla asfaltos de baja emisión, diseñados para minimizar la generación de gases y humos durante la aplicación, contribuyendo a mejorar la calidad del aire y las condiciones laborales en obra.

PARTES DE UNA CADENA

“Un hito importante para nosotros fue medir nuestras huellas –de carbono e hídrica– porque lo que no se mide no se gestiona, y lo que no se gestiona no se mejora”, explicó la jefa de Calidad, Seguridad y Medio Ambiente de Bitafal, Ana Laura Hernández.

En 2024, el total emitido fue equivalente a 22.283,8 toneladas de CO2 . La jefa comercial de Bitafal, Lic. Victoria García, aclaró que, en el caso de “algunos proveedores, como señalética y mezclas asfálticas”, los cálculos son estimativos, ya que “no todos miden su huella ambiental por no estar familiarizados o involucrados en el tema de la sostenibilidad”. Esto puso sobre la mesa otro asunto: la importancia de la concientización y la colaboración entre todos los actores de la cadena.

Foto: José Ignacio Gastañaga

“Hay cosas hechas, pero hay muchísimas más por hacer. Todos los actores deben ser conscientes; somos un poco hijos del rigor. Tal vez hablás de la segregación de ciertos residuos y buscás generar esa cultura, pero después viene un camión y se lleva todo junto. Hay que lograr un cambio cultural y trabajar en conjunto. Hay empresas que están avanzando en ciertas áreas, pero quizá son proveedoras de constructoras que aplican su ingeniería y tecnología, y eso hace que la nobleza del material no tenga el rendimiento que podría tener”, agregó Carballo, de Traxpalco.

La importancia de estudiar la resiliencia de los materiales en función al cambio climático fue otra de las aristas discutidas. Para las especialistas, las consecuencias de este fenómeno ya son tangibles, pero se harán más urgentes en los próximos años. “Eso se va a complejizar en cuanto al mantenimiento de la obra. En la medida que la Dirección Nacional de Vialidad no incorpore esos riesgos y no analicen las medidas de mitigación posibles para esos impactos, se está dejando de lado la resiliencia de las estructuras. No queremos dejarles a generaciones futuras estructuras que tengan vicios, que haya cortes de tránsito, por inundaciones, tormentas, por temperaturas altas”, sostuvo Carballo.

ENFOQUE MULTIDISCIPLINARIO

De todas formas, para el subsector vial la sostenibilidad no se limita únicamente a los materiales utilizados en la construcción de carreteras. Los criterios ESG ‒referidos a factores ambientales, sociales y de gobernanza‒ son dimensiones que también se tienen en cuenta.

En ese sentido, poner el foco en los ecosistemas que atraviesan infraestructuras como las rutas y en la importancia de preservar su biodiversidad, protegiendo la fauna y la flora locales, es algo en lo que Traxpalco ha hecho hincapié. En su reciente proyecto de doble vía en la Ruta 9 (Pan de Azúcar, Rocha), la empresa financió medidas más allá de las exigencias de mitigación, como la creación de un sitio de avistamiento paisajístico, la instalación de cámaras trampa para monitoreo de fauna, el diseño de material didáctico para niños y la realización de talleres de sensibilización en escuelas rurales, integrando así la dimensión social.

Las mezclas tibias de asfalto permiten reducir entre 35 °C y 50 °C las temperaturas de trabajo, disminuyendo significativamente el consumo de combustible, las emisiones de gases de efecto invernadero, y mejorando la seguridad de los operarios.

“Trabajar con un biólogo en la construcción de una ruta era algo que no existía. Hay diferentes impactos que debes atender, y eso te lleva a concluir que la construcción vial es interdisciplinaria. Ese es un de safío para el sector. No son solo ingenieros civiles: se suman ingenieros ambientales, biólogos, arqueó logos, la sociedad en sí y las ONG”, destacó Carballo.

ESFUERZO CONJUNTO

A lo largo del encuentro, el panel reforzó la idea de que el futuro está en el trabajo en conjunto. “Cuando uno suma esfuerzos se multiplican los resultados. Ahí generamos el mayor valor posible”, aseguró Hernández.

Y, para que se dé esa colaboración, tiene que haber incentivos. “Cuando se genera un marco regulatorio, se incentiva más a las empresas. Y acá no hay incentivos. La falta de cultura y la desinformación son los principales problemas; el ‘siempre se hizo así’ es un enemigo gigante. Es un detractor de la innovación”, sentenció Carballo.

El camino hacia una construcción vial más sostenible en Uruguay requiere de un cambio de paradigma que trascienda las buenas intenciones aisladas. Las experiencias de empresas como Bitafal y Traxpalco demuestran que las herramientas técnicas existen, pero su adopción masiva solo será posible cuando la sostenibilidad deje de ser una opción para convertirse en el estándar de una industria que, literalmente, está construyendo el futuro del país.

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