Agua y saneamiento: caudal vital
enero 24, 2025
Uruguay enfrenta retos en agua y saneamiento, desde garantizar acceso universal y renovar infraestructuras obsoletas hasta desarrollar proyectos que permitan asegurar el abastecimiento de agua potable al país en caso de que se repita una nueva crisis hídrica. Sobre estos desafíos dialogaron el vocal y el consejero de la Cámara de la Construcción del Uruguay, Ing. Gabriel Viñales e Ing. Fernando Cambón, respectivamente.
Por Elisa Juambeltz
Desde niños, los uruguayos escuchamos sobre la suerte que tenemos de vivir en un país donde llueve de manera abundante y que cuenta con una importante reserva de agua dulce. Sin embargo, la crisis hídrica de 2023 ‒la peor en 70 años‒ ocasionó nuevos deba tes y reflexiones sobre cómo se gestiona este recurso, qué tan preparados estamos para enfrentar fenómenos naturales de este tipo y con qué infraestructura contamos para asegurar el abastecimiento de agua potable en Uruguay.
Sobre estos y otros temas intercambiaron ideas en una charla el vocal de la Cámara de la Construcción del Uruguay (CCU) y gerente general de Espina, Ing. Gabriel Viñales, y el consejero de la CCU y gerente general de Possamai Construcciones, Ing. Fernando Cambón.
TAREA PENDIENTE
Uruguay, actualmente, cuenta con una cobertura de agua potable que supera al 90% de la población. En materia de saneamiento la situación es buena, pero no es la misma ni es pareja en todo el país. De hecho, existe una división entre el saneamiento en Montevideo ‒a cargo de la Intendencia de Montevideo‒ y en el resto del territorio nacional, que recae sobre OSE: la situación de la capital es mejor que la del interior donde, además, varía mucho según los departamentos y las diferentes localidades.
En los últimos años, la mayoría de los esfuerzos de OSE estuvieron puestos en la mejora del saneamiento. Mientras que en Montevideo actualmente se están retomando licitaciones para avanzar en ello, en el interior las líneas de trabajo han sido varias y han trascendido las últimas dos administraciones: “Sobre el final del período pasado de gobierno se hizo un Plan Nacional de Saneamiento y durante esta administración se continuó a través del Ministerio de Ambiente”, explica Gabriel Viñales. Ese plan nacional se encuentra activo y tiene como objetivo llegar al año 2030 con un sistema adecuado de saneamiento para el 100% de la población.

“En Montevideo, el saneamiento ha crecido mucho en las zonas perimetrales. Eso hace que las redes sean más largas y que tengan menos usuarios, porque llegan a zonas rurales, con menos concentración de gente”, dice, por su parte, Fernando Cambón. “Hoy, en Montevideo, tenemos un 93% de población con saneamiento y un 94% de hogares conectados”, agrega.
EN JUEGO
La sequía que atravesó nuestro país el año pasado fue histórica. Se estima que las pérdidas económicas alcanzaron casi los dos puntos del PBI. Sin embargo, esa no fue la única consecuencia de la peor crisis hídrica en las últimas siete décadas. La población uruguaya también se vio afectada en términos de producción, salud, abastecimiento y calidad del agua.
Ante esta situación, seis empresas integrantes de la CCU trabajaron en un proyecto de urgencia que surgió para hacerle frente al problema y que marcó un hito en la industria constructiva de nuestro país. “La cámara le presentó al Poder Ejecutivo y a OSE una nota en la que manifestaba su voluntad de ayudar”, recuerda Viñales. A partir de eso, se produjo un ida y vuelta que finalizó con un proyecto de emergencia para instalar 13,2 kilómetros de tuberías que llevaran agua del río San José hasta un embalse cercano a Aguas Corrientes para contribuir a la disponibilidad de este recurso. En una carrera contra el tiempo, la obra se hizo en 33 días, menos de un cuarto del plazo regular.
“Se hizo un proyecto sobre la marcha y fue algo inédito, con buenos resultados”, explica Viñales. “Tuvimos que instalarnos de la forma que fue posible, conseguimos tuberías de gran porte. Para eso intervino el gobierno y las embajadas de Argentina y Brasil”, agrega. “Fue un proyecto inédito por muchas razones: trabajamos fines de semana, muchas veces avanzamos sin re partir los gastos de antemano, incluso. Se trabajó muy bien porque había conciencia sobre la importancia de terminar esa obra porque sabíamos que el problema era grave”, explicó el vocal de la gremial. Luego, hubo una segunda instancia del proyecto que permitió mejorar el resultado para dejar disponible de forma definitiva el agua.
“En Montevideo, el saneamiento ha crecido mucho en las zonas perimetrales. Eso hace que las redes sean más largas y que tengan menos usuarios, porque llegan a zonas rurales, con menos concentración de gente”. Ing. Fernando Cambón
Esta obra logró darle “un respiro” a OSE, pero la situación también obligó a la empresa a prever otro tipo de soluciones. “Eso, por ejemplo, disparó el proyecto de Arazatí, porque se precisa otra alternativa. El río Santa Lucía no puede ser la única fuente de agua potable”, sostiene Viñales. El ingeniero también explica que, actualmente, se está previendo una segunda represa para el país, un poco más grande que la de Paso Severino. “Ojalá no pase [una situación como la sequía que vivió el país], pero si sucede, Uruguay está más preparado que antes”, concluye.
Según cuenta Viñales, la experiencia de trabajo durante la emergencia hídrica también fue importante para las empresas: “Nos vino bien saber que cuando tenemos necesidades, hay capacidad para responder, hay potencialidad y solvencia para enfrentar desafíos como este o de otra índole. Las empresas que integran la Cámara de la Construcción del Uruguay son muy buenas y eso quedó de manifiesto”.
CLAVES A FUTURO
El camino por delante presenta retos interesantes, pero también grandes oportunidades. En materia de saneamiento, según Cambón, el foco debe estar puesto en el interior, sobre todo en las localidades más pequeñas del país. “Eso implica aumentar los costos porque hay que generar más redes para menos usuarios y buscar nuevos sistemas de tratamiento”, dice.
Viñales, por su parte, considera que otro de los grandes desafíos que tiene pendiente nuestro país es la renovación de muchas redes que son antiguas. “Hay un gran porcentaje de pérdida de agua por tuberías obsoletas, que se rompen, por ejemplo”, asegura. Esto tiene, además, un aspecto relevante en materia medioambiental.
“[Las empresas] siempre estamos pensando en mejorar la eficiencia y para eso hay dos aspectos clave: la capacitación del capital humano y la incorporación de tecnología”. Ing. Gabriel Viñales
La Red Arteaga, conocida por ser el primer sistema de alcantarillado de Latinoamérica, construida entre 1856 y 1913 en una zona de Montevideo, es una de las más comprometidas. “Hay redes antiguas, como la Red Arteaga, que ya están teniendo problemas. Tienen un desgaste grande y eso se está evidenciando ahora. El mantenimiento de esa red, por ejemplo, es algo que se va a desarrollar a futuro, así como la reparación de las redes que lo precisen”, concuerda Cambón.
A nivel empresarial, la mirada hacia el futuro va de la mano con la preparación del personal y la mejora de los distintos recursos disponibles. “Siempre estamos pensando en mejorar la eficiencia y para eso hay dos aspectos clave: la capacitación del capital humano y la incorporación de tecnología”, explica Viñales.
En ese sentido, el ingeniero destaca la importancia que tienen los espacios de formación que brinda la Cámara de la Construcción del Uruguay: “Hay capacitaciones técnicas y para operarios”, dice. En tanto, para mejorar en materia de tecnología, es necesario apostar a la innovación en maquinaria, a la tecnología aplicada y la digitalización.

En la misma línea, Fernando Cambón explica que el avance empresarial pasa directamente por la “tecnificación de las empresas”. Ese factor es, para él, el más importante al momento de mejorar el rendimiento y responder a los intereses de todos los actores del mercado. “Eso, por supuesto, exige la capacitación del personal”, agrega. En definitiva, tanto la adopción de tecnología como la formación continua del capital humano genera un círculo virtuoso.
LA OTRA CARA
Más allá del trabajo pendiente para alcanzar los estándares planteados de cara a los próximos años en materia de agua y saneamiento, el camino que viene recorriéndose en este rubro ha generado un impacto positivo relevante, que permite destacar la cobertura de agua potable de Uruguay, en comparación a otros países de la región.
En tanto, ambos empresarios coinciden en que, además del impacto que generan estas obras una vez finalizadas, también es destacable el rol que cumplen durante su desarrollo en la economía nacional, especialmente en el interior: “Cuando vamos a trabajar a un departamento del interior intentamos contratar gente del lugar porque es uno de nuestros objetivos: generar mano de obra en las localidades”, cuenta Cambón.
Además, siempre se produce un interesante derrame económico que, de hecho, está estudiado. “Cada peso gastado genera un derrame de cuatro pesos”, sostiene Viñales. Esto responde al personal directo, a los subcontratos y a los servicios que funcionan alrededor de las obras. “Por eso se habla del PBI que derrama la industria de la construcción en nuestro país; porque un proyecto activa mucho más que solo la gente contratada para la obra”, concluye.
Las lecciones aprendidas durante la sequía, suma das a la capacidad de respuesta de las empresas y el impulso de proyectos como el Plan Nacional de Saneamiento, evidencian que Uruguay busca avanzar hacia un futuro donde el agua y el saneamiento sean garantía de desarrollo para todo el territorio.

